Aves en negro y blanco por Stefan Holl
domingo, 30 de septiembre de 2018
Los amantes no se encuentran en ningún lugar.
Se encuentran el uno al otro todo el tiempo.
Yalāl ad-Dīn Muhammad Balkhi-Rumi fue un célebre poeta místico musulmán persa y erudito religioso que nació el 30 de septiembre de 1207 (hace 811 años) en Balj, en la actual Afganistán -aunque en aquella época pertenecía a la provincia del Gran Jorasán de Persia-.
sábado, 29 de septiembre de 2018
viernes, 28 de septiembre de 2018
La luz del sol asoma a través de los árboles. Las experiencias más relajantes y pacíficas que he tenido han sido todas en la naturaleza. esta imagen evoca ese sentido familiar de paz y conexión interior. Una caminata por la mañana, antes de que el mundo se despierte. Tan tranquilo y calmado. El mundo está quieto, el sol comienza a levantarse ...
miércoles, 26 de septiembre de 2018
¿Cuál es el trasfondo de las relaciones humanas?...
Nuestra vida, la vida cotidiana, es una cuestión de relación. Estar relacionado implica contacto, no solo físico sino también psicológico, emocional e intelectual. Y la relación únicamente es posible cuando hay mucho afecto. Si yo no estoy relacionado con ustedes y ustedes no están relacionados conmigo, si lo que hay entre nosotros tan solo es intelectual o verbal, eso no es relación. La relación solo existe cuando hay contacto, comunicación, un sentido de comunión. Todo lo cual implica mucho afecto.
De modo que la vida, si uno la observa, es relación, se basa en las acciones que suceden en la relación, ¿no es cierto?...
(...) Nuestra vida actual de cada día es, en realidad, una constante batalla: hay permanente desdicha, confusión, con algunos destellos de alegría, con manifestaciones ocasionales de profundo placer. Y a menos que se dé una revolución fundamental en nuestra relación, la lucha seguirá, aunque por ese camino no hay solución posible. Por favor, entiendan esto. A través de esa lucha en la relación no hay salida; sin embargo, eso es lo que tratamos de hacer. Nunca decimos: "Debemos cambiar la relación, debe cambiar la base de nuestra relación".
Sin embargo, como estamos en conflicto tratamos de escapar a través de diferentes sistemas filosóficos, o de la bebida, el sexo, y las muchas formas de entretenimiento intelectual y emocional. Pero, a menos que se dé una revolución interna radical al observar nuestras relaciones –siendo la relación "nuestras vidas"..., a menos que haya una mutación radical en la relación, hagamos lo que hagamos, tengamos las ideas más nobles, hablemos, conversemos infinitamente acerca de Dios, etc., eso no tendrá ningún valor, porque todos esos son escapes.
De ahí surge el problema: ¿cómo puedo, viviendo en relación, generar un cambio en mi relación? No es posible escapar de la relación. Puedo hipnotizarme, retirarme a un monasterio, escapar y hacerme monje, esto o aquello, pero sigo existiendo como ser humano relacionado. Vivir es estar relacionado. Así pues, tengo que comprender la relación y cambiarla. Tengo que descubrir cómo generar un cambio radical en mi relación... La solución no está en el templo, en la mezquita, en las iglesias cristianas, en hablar del Vedanta, en esto o aquello, ni en el resto de los varios sistemas. No hay solución, a menos que usted, como ser humano, cambie radicalmente su relación.
Y bien, el problema que surge es: ¿cómo cambiar de hecho –y no en abstracto– esa relación que actualmente está basada en la búsqueda egoísta y en el placer? Esa es la verdadera cuestión.
Eso significa comprender el deseo y el placer, "comprenderlos", no decir: "debo reprimir el deseo, debo liberarme del placer"; eso ya lo han hecho durante siglos: "debe vivir sin deseo –no sé qué significa eso–, "no debe tener deseos", lo cual no tiene sentido, porque tenemos muchos deseos, nos consumen. No es bueno reprimir el deseo, sigue ahí, reprimido, embotellado y cerrado con un corcho; ustedes se disciplinan contra el deseo. Pero ¿qué sucede? ¡Se vuelven insensibles, despiadados!
Así, debemos comprender el deseo y el placer, porque nuestros valores y juicios internos se basan en el placer, no se basan en los grandes y fabulosos principios, sino tan solo en el placer. De modo que el principio activo de nuestra vida es el placer.
En realidad es muy simple comprender cómo surge el deseo. Contemplo una maravillosa puesta de sol. Está el ver, y al ver esa belleza, sus colores, la delicadeza de las hojas en contraste con el cielo, la rama oscura, todo eso despierta en mí el deseo de seguir mirando. Es decir, percibo, hay una sensación, luego contacto y deseo. No es muy complicado. Veo un rostro hermoso, y surge todo el mecanismo del deseo, de la lujuria, de la pasión.
Es así de simple.
La siguiente pregunta, un poco más compleja, es: ¿qué prolonga y da continuidad al deseo?...(...) Como es obvio, el pensamiento. Al ver una puesta de sol, un rostro hermoso, un ideal admirable, siento un gran deseo y digo: "quiero poseerlo". El pensamiento, el pensar en ello, le da continuidad. Esa continuidad surge debido al placer que uno consigue al pensar que lo desea (...) En el momento en que el pensamiento como placer interviene en el deseo, aparece el problema. En el instante en que el pensamiento, que se basa en el placer, interviene en el deseo, empieza el conflicto, la frustración y la lucha.
De manera que si la mente comprende toda la estructura del deseo y del pensamiento, entonces sabrá cómo afrontar el deseo. O sea, siempre que el pensamiento no interfiere en el deseo, el deseo desaparece, ¿entienden?... El deseo no es malo, el deseo nunca es malo, pero cuando el pensamiento interfiere crea el problema.
Ese mecanismo del pensar, en esencia, se basa en el placer, en el agrado o desagrado. Pero en el placer siempre hay dolor. ¡Es obvio! No quiero el dolor; sin embargo, quiero que el placer tenga una continuidad constante. Quiero eliminar el dolor, pero si elimino el dolor también tengo que eliminar el placer: no pueden separarse, van juntos.
La base de nuestro pensar es el placer. Si bien hemos padecido mucho dolor, no solo físico sino también interno, enorme sufrimiento, ansiedad, miedo, terror, desesperación, todo ello es la consecuencia de vivir y establecer nuestros valores en el placer.
El pensamiento es mecánico, es como una excelente computadora. Ha aprendido mucho, tiene muchísimas experiencias, no solo individuales y colectivas, sino humanas. Están en el consciente y también en el inconsciente. Toda la conciencia es un residuo, es la maquinaria de todo el pensar. (...) El pensamiento es la respuesta de la memoria acumulada, y esa memoria se basa en el principio del placer. (...) Como la vida es tan incierta –están la muerte, el miedo...– esperan que haya algo más trascendental que todo esto, y a eso le ponen un nombre, lo cual les proporciona un gran consuelo, y ese consuelo es placer. De modo que el pensamiento, el mecanismo del pensar, por complejo, sutil y original que ustedes crean que es, se basa en ese principio del placer.
En el momento en que se comprende todo esto, el conflicto termina. Cuando la mente comprende la naturaleza del placer, del pensamiento, del deseo, el examinarlo en sí mismo genera disciplina. (...) Cuando comprendan el deseo, el placer, el pensamiento, descartarán toda autoridad, porque la autoridad de cualquier clase, interna o externa, no les ha conducido a ningún lugar. Internamente, han perdido la fe en todas las autoridades y, por consiguiente, no confían en nadie. Así pues, uno está en soledad a través del examen del pensamiento y el placer. Estar solo significa estar en silencio. Y de ese silencio surge la acción.
Para nosotros la acción se basa en una idea, en un principio, en una creencia, en un dogma, y actuamos según esta idea. Si mi acción se ajusta a mi idea, creo que soy una persona honesta, una persona noble. Pero siempre existe cierta diferencia entre la idea y la acción, por tanto, hay conflicto.
Cuando hay conflicto de cualquier clase, no hay claridad. Puede que en lo externo sea muy espiritual, lleve lo que llaman una vida muy sencilla, vista un taparrabos y haga una sola comida al día, pero eso no es una vida sencilla. Una vida sencilla es más exigente y profunda que eso. Una vida sencilla es una vida sin conflicto.
El silencio llega porque hay soledad, y ese silencio está más allá de la conciencia. La conciencia es placer, es pensamiento con todos sus mecanismos conscientes e inconscientes. En ese campo nunca puede haber silencio; por tanto, cualquier acción en ese campo siempre traerá confusión, sufrimiento y desdicha.
Únicamente cesa el sufrimiento cuando la acción surge de ese silencio. A menos que la mente esté completamente libre de sufrimiento, personal o de otra clase, vivirá en la oscuridad, con miedo y ansiedad. Por tanto, cualquiera que sea la acción siempre habrá confusión, y en cualquier elección siempre habrá conflicto.
Y si uno comprende todo esto, habrá silencio, y si hay silencio hay acción. El silencio en sí mismo es acción, no hay silencio y después acción. Seguramente nunca les ha sucedido que hayan estado en completo silencio. Si están en silencio pueden hablar desde ese silencio, aunque tengan recuerdos, experiencias y conocimientos. Si no tuvieran conocimientos, serían incapaces de hablar. Ahora bien, cuando hay silencio, desde ese silencio hay acción, y esa acción nunca es complicada, confusa ni contradictoria.
Si uno comprende este principio del placer, el pensamiento, la soledad y el vacío del silencio, si uno ha llegado tan lejos –no en términos de tiempo, sino de verdad–, entonces, debido a que existe atención completa, en ese acto de silencio hay total inacción, y esa inacción es acción.
Todas estas cosas llegan de forma natural y fácil cuando se comprende el fenómeno de la existencia, que es la relación.
La relación, para muchos, es confusión, desdicha, y para que se produzca una profunda y auténtica mutación, un cambio radical, uno debe comprender el deseo, el placer, el pensamiento, y la naturaleza de la soledad. Entonces, a partir de ahí, surge el silencio.
En ese silencio, que es completa inacción –no tiene movimiento alguno–, se produce una explosión. Como saben, los científicos dicen que las galaxias se forman cuando la materia deja de moverse y se produce una explosión. Únicamente cuando se produce esa explosión nace una nueva mente, una mente realmente religiosa. Y solo una mente religiosa puede resolver los problemas humanos.-
Jiddu Krishnamurti
Nuestra vida, la vida cotidiana, es una cuestión de relación. Estar relacionado implica contacto, no solo físico sino también psicológico, emocional e intelectual. Y la relación únicamente es posible cuando hay mucho afecto. Si yo no estoy relacionado con ustedes y ustedes no están relacionados conmigo, si lo que hay entre nosotros tan solo es intelectual o verbal, eso no es relación. La relación solo existe cuando hay contacto, comunicación, un sentido de comunión. Todo lo cual implica mucho afecto.
De modo que la vida, si uno la observa, es relación, se basa en las acciones que suceden en la relación, ¿no es cierto?...
(...) Nuestra vida actual de cada día es, en realidad, una constante batalla: hay permanente desdicha, confusión, con algunos destellos de alegría, con manifestaciones ocasionales de profundo placer. Y a menos que se dé una revolución fundamental en nuestra relación, la lucha seguirá, aunque por ese camino no hay solución posible. Por favor, entiendan esto. A través de esa lucha en la relación no hay salida; sin embargo, eso es lo que tratamos de hacer. Nunca decimos: "Debemos cambiar la relación, debe cambiar la base de nuestra relación".
Sin embargo, como estamos en conflicto tratamos de escapar a través de diferentes sistemas filosóficos, o de la bebida, el sexo, y las muchas formas de entretenimiento intelectual y emocional. Pero, a menos que se dé una revolución interna radical al observar nuestras relaciones –siendo la relación "nuestras vidas"..., a menos que haya una mutación radical en la relación, hagamos lo que hagamos, tengamos las ideas más nobles, hablemos, conversemos infinitamente acerca de Dios, etc., eso no tendrá ningún valor, porque todos esos son escapes.
De ahí surge el problema: ¿cómo puedo, viviendo en relación, generar un cambio en mi relación? No es posible escapar de la relación. Puedo hipnotizarme, retirarme a un monasterio, escapar y hacerme monje, esto o aquello, pero sigo existiendo como ser humano relacionado. Vivir es estar relacionado. Así pues, tengo que comprender la relación y cambiarla. Tengo que descubrir cómo generar un cambio radical en mi relación... La solución no está en el templo, en la mezquita, en las iglesias cristianas, en hablar del Vedanta, en esto o aquello, ni en el resto de los varios sistemas. No hay solución, a menos que usted, como ser humano, cambie radicalmente su relación.
Y bien, el problema que surge es: ¿cómo cambiar de hecho –y no en abstracto– esa relación que actualmente está basada en la búsqueda egoísta y en el placer? Esa es la verdadera cuestión.
Eso significa comprender el deseo y el placer, "comprenderlos", no decir: "debo reprimir el deseo, debo liberarme del placer"; eso ya lo han hecho durante siglos: "debe vivir sin deseo –no sé qué significa eso–, "no debe tener deseos", lo cual no tiene sentido, porque tenemos muchos deseos, nos consumen. No es bueno reprimir el deseo, sigue ahí, reprimido, embotellado y cerrado con un corcho; ustedes se disciplinan contra el deseo. Pero ¿qué sucede? ¡Se vuelven insensibles, despiadados!
Así, debemos comprender el deseo y el placer, porque nuestros valores y juicios internos se basan en el placer, no se basan en los grandes y fabulosos principios, sino tan solo en el placer. De modo que el principio activo de nuestra vida es el placer.
En realidad es muy simple comprender cómo surge el deseo. Contemplo una maravillosa puesta de sol. Está el ver, y al ver esa belleza, sus colores, la delicadeza de las hojas en contraste con el cielo, la rama oscura, todo eso despierta en mí el deseo de seguir mirando. Es decir, percibo, hay una sensación, luego contacto y deseo. No es muy complicado. Veo un rostro hermoso, y surge todo el mecanismo del deseo, de la lujuria, de la pasión.
Es así de simple.
La siguiente pregunta, un poco más compleja, es: ¿qué prolonga y da continuidad al deseo?...(...) Como es obvio, el pensamiento. Al ver una puesta de sol, un rostro hermoso, un ideal admirable, siento un gran deseo y digo: "quiero poseerlo". El pensamiento, el pensar en ello, le da continuidad. Esa continuidad surge debido al placer que uno consigue al pensar que lo desea (...) En el momento en que el pensamiento como placer interviene en el deseo, aparece el problema. En el instante en que el pensamiento, que se basa en el placer, interviene en el deseo, empieza el conflicto, la frustración y la lucha.
De manera que si la mente comprende toda la estructura del deseo y del pensamiento, entonces sabrá cómo afrontar el deseo. O sea, siempre que el pensamiento no interfiere en el deseo, el deseo desaparece, ¿entienden?... El deseo no es malo, el deseo nunca es malo, pero cuando el pensamiento interfiere crea el problema.
Ese mecanismo del pensar, en esencia, se basa en el placer, en el agrado o desagrado. Pero en el placer siempre hay dolor. ¡Es obvio! No quiero el dolor; sin embargo, quiero que el placer tenga una continuidad constante. Quiero eliminar el dolor, pero si elimino el dolor también tengo que eliminar el placer: no pueden separarse, van juntos.
La base de nuestro pensar es el placer. Si bien hemos padecido mucho dolor, no solo físico sino también interno, enorme sufrimiento, ansiedad, miedo, terror, desesperación, todo ello es la consecuencia de vivir y establecer nuestros valores en el placer.
El pensamiento es mecánico, es como una excelente computadora. Ha aprendido mucho, tiene muchísimas experiencias, no solo individuales y colectivas, sino humanas. Están en el consciente y también en el inconsciente. Toda la conciencia es un residuo, es la maquinaria de todo el pensar. (...) El pensamiento es la respuesta de la memoria acumulada, y esa memoria se basa en el principio del placer. (...) Como la vida es tan incierta –están la muerte, el miedo...– esperan que haya algo más trascendental que todo esto, y a eso le ponen un nombre, lo cual les proporciona un gran consuelo, y ese consuelo es placer. De modo que el pensamiento, el mecanismo del pensar, por complejo, sutil y original que ustedes crean que es, se basa en ese principio del placer.
En el momento en que se comprende todo esto, el conflicto termina. Cuando la mente comprende la naturaleza del placer, del pensamiento, del deseo, el examinarlo en sí mismo genera disciplina. (...) Cuando comprendan el deseo, el placer, el pensamiento, descartarán toda autoridad, porque la autoridad de cualquier clase, interna o externa, no les ha conducido a ningún lugar. Internamente, han perdido la fe en todas las autoridades y, por consiguiente, no confían en nadie. Así pues, uno está en soledad a través del examen del pensamiento y el placer. Estar solo significa estar en silencio. Y de ese silencio surge la acción.
Para nosotros la acción se basa en una idea, en un principio, en una creencia, en un dogma, y actuamos según esta idea. Si mi acción se ajusta a mi idea, creo que soy una persona honesta, una persona noble. Pero siempre existe cierta diferencia entre la idea y la acción, por tanto, hay conflicto.
Cuando hay conflicto de cualquier clase, no hay claridad. Puede que en lo externo sea muy espiritual, lleve lo que llaman una vida muy sencilla, vista un taparrabos y haga una sola comida al día, pero eso no es una vida sencilla. Una vida sencilla es más exigente y profunda que eso. Una vida sencilla es una vida sin conflicto.
El silencio llega porque hay soledad, y ese silencio está más allá de la conciencia. La conciencia es placer, es pensamiento con todos sus mecanismos conscientes e inconscientes. En ese campo nunca puede haber silencio; por tanto, cualquier acción en ese campo siempre traerá confusión, sufrimiento y desdicha.
Únicamente cesa el sufrimiento cuando la acción surge de ese silencio. A menos que la mente esté completamente libre de sufrimiento, personal o de otra clase, vivirá en la oscuridad, con miedo y ansiedad. Por tanto, cualquiera que sea la acción siempre habrá confusión, y en cualquier elección siempre habrá conflicto.
Y si uno comprende todo esto, habrá silencio, y si hay silencio hay acción. El silencio en sí mismo es acción, no hay silencio y después acción. Seguramente nunca les ha sucedido que hayan estado en completo silencio. Si están en silencio pueden hablar desde ese silencio, aunque tengan recuerdos, experiencias y conocimientos. Si no tuvieran conocimientos, serían incapaces de hablar. Ahora bien, cuando hay silencio, desde ese silencio hay acción, y esa acción nunca es complicada, confusa ni contradictoria.
Si uno comprende este principio del placer, el pensamiento, la soledad y el vacío del silencio, si uno ha llegado tan lejos –no en términos de tiempo, sino de verdad–, entonces, debido a que existe atención completa, en ese acto de silencio hay total inacción, y esa inacción es acción.
Todas estas cosas llegan de forma natural y fácil cuando se comprende el fenómeno de la existencia, que es la relación.
La relación, para muchos, es confusión, desdicha, y para que se produzca una profunda y auténtica mutación, un cambio radical, uno debe comprender el deseo, el placer, el pensamiento, y la naturaleza de la soledad. Entonces, a partir de ahí, surge el silencio.
En ese silencio, que es completa inacción –no tiene movimiento alguno–, se produce una explosión. Como saben, los científicos dicen que las galaxias se forman cuando la materia deja de moverse y se produce una explosión. Únicamente cuando se produce esa explosión nace una nueva mente, una mente realmente religiosa. Y solo una mente religiosa puede resolver los problemas humanos.-
Jiddu Krishnamurti
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